HIJOS DE DIOS - parte 1
A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron, más a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos HIJOS DE DIOS; los cuales no son engendrados de sangre ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios. (Juan 1:11-13)
PUNTO DE PARTIDA
1.1 1 Iniciamos hoy un estudio maravilloso y tanto fascinante como edificante.
Escudriñando los Evangelios, como dice Isaías Porque mandamiento tras mandamiento, mandato sobre mandato, renglón tras renglón, línea sobre línea, un poquito allí, otro poquito allá. (Isaías 28:10), encontramos que Jesús utilizó diferentes expresiones para referirse a los que le recibieran como su Señor y Salvador personal.
1.2 2 A estas designaciones de Jesús, respecto a sus seguidores he llamado títulos dados por el Señor a sus discípulos. En cada uno de ellos Jesús utiliza la palabra hijo. Utilizaré la denominación título por la relevancia que implica este vocablo. Así, encontramos: Hijos de Dios, Hijos de Abraham, Hijos de la Luz, Hijos del Reino, Hijos de la Sabiduría, Hijos de la Resurrección, Hijos de Paz, por mencionar algunos.
Es mi oración que el Espíritu Santo no dé poderosas revelaciones de los dichos de Jesús y que produzca en nosotros la gracia de apropiarnos del pan de vida, de manera que seamos hacedores de la Palabra. Amén
2.1 3 Hijos de Dios es el primer titulo que Dios nos da, aunque no es el único. No obstante, no podemos ostentar de los otros títulos que Jesús nos otorga, si primeramente no nos convertimos en hijos de Dios.
2.2 4 El hecho de estar en este mundo no nos hace automáticamente hijos de Dios. Para constituirnos hijos de Dios, la Biblia dice que tenemos que recibir a Jesús. A todos los que le recibieron, les dio potestad de ser hechos HIJOS DE DIOS. Para ser hijos de Dios tenemos que creer en la Obra Redentora de Jesús, y recibir por fe el perdón de pecados y consecuentemente la salvación. Cuando así hacemos, Dios nos da el derecho de ser sus hijos.
2.3 5 Jesús vino al pueblo descendiente de Abraham, de Isaac, y de Israel, y este pueblo no le recibió. Antes, por el contrario, le crucificaron. Además, en segundo lugar, vino a la raza humana, al despojarse a sí mismo y humillarse hasta la muerte en la cruz. Empero, vemos personas que no le reciben. La buena noticia es que no todos hemos rechazado a Jesús. Hay un grupo que le ha aceptado.
2.4 6 Recibir a Jesús es únicamente creer en Dios. Santiago dice: Tu crees que Dios es uno, bien haces. También los demonios creen y tiemblan. (Santiago 2.19) No solo es saber que Dios existe, sino, creer en Jesús como Salvador, arrepentirse de los pecados y decidir seguir los caminos de la nuera vida en Cristo.
Luego de dar el paso de fe y alcanzar la salvación, recibimos el derecho de ser hijos de Dios, lo cual se constituye también en una potestad. Potestad es poder. El nuevo nacimiento es una obra de poder y de autoridad. Es un milagro inexplicable, pero poderoso. Es el mayor milagro que el hombre puede experimentar. Jesús dijo que este nacimiento no se produce por la voluntad de carne, ni por voluntad de sangre, ni por voluntad de varón, sino por la voluntad de Dios. Esto es lo que la Biblia llama: el nuevo nacimiento. De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. (Juan. 3:3) De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. (2ª. Corintios 5:17)
Veamos las bendiciones de ser Hijo de Dios:
DERECHO AL PERDON
3.1 7 Los hijos de Dios hemos sido perdonados. Cuatro hombres cargaban un paralítico con la intención de presentarlo ante Jesús. Llegados, no podían entrar a la casa porque estaba demasiado llena. Abrieron un orificio en la parte superior, para, por allí, hacer descender al paralítico. Cuando Jesús vio la fe de ellos, le dijo al enfermo: Ten ánimo HIJO, tus pecados te son perdonados. (Lucas 9:2) Notemos que Jesús no le dijo: hombre, ni pecador, ni galileo. Le dijo: Hijo
3.2 8 El hecho de que Dios nos prometa su perdón, no es una licencia para pecar. Los hijos de Dios somos humanos y débiles, por lo tanto, podemos fallar en cualquier momento, pero no somos pecadores empedernidos. Los hijos de Dios no nos deleitamos en el pecado. Jesús le dio al paralítico lo que el necesitaba, aunque no fuera consciente de ello. El problema número uno de aquel hombre, como el de todos los humanos, era el pecado. Jesús lo arrancó de raíz cuando, movido por la fe expresada por el paralítico y sus amigos le dijo: Y cada vez que caemos, regresamos a la fuente de la salvación, a la fuente de la sangre, a la fuente del perdón. Ten ánimo HIJO, tus pecados te son perdonados. (Lucas 9:2) Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto sus pecados. (Salmo 32.1)
DERECHO A LA SANIDAD
3.3 9 Los hijos de Dios recibimos sanidad. Los que estaban en la casa murmuraron en sus corazones, diciendo: ¿quién es este que puede perdonar pecados?: Aunque solo habían meditado esto en sus corazones, Jesús les increpó: ¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? Porque ¿qué es más fácil, decir: Los pecados te son perdonados, o decir: Levántate y anda? Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dice entonces al paralítico): Levántate, toma tu cama, y vete a tu casa. (Mateo 9.4-6)
3.4 10 El paralítico fue a Jesús porque quería ser sanado. Jesús, antes de sanar a aquel enfermo, lo enfrentó con su mayor problema y más grande necesidad, esto es, el pecado y el perdón. Jesús le ministró al paralítico en su alma, luego le ministró en su cuerpo.
Jesús sabía que la motivación, tanto del paralítico, como de sus amigos, era la búsqueda de sanidad. Después de convertirse en hijo de Dios, el paralítico fue sanado.
Amado(a): Si eres hijo de Dios tienes derecho a tu sanidad. Amén.