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Nota Pastoral

LA FE QUE ACEPTA EL DESAFÍO

''Quién es este filisteo incircunciso, para que provoque a los escuadrones del Dios viviente?'' (Ia. Samuel 17:26)

EL PALADÍN FILISTEO

1.1   1   Goliat desafiaba al ejército de Israel y nadie se atrevía a enfrentarlo en combate. “todos los varones de Israel que veían aquel hombre huían de su presencia, y tenían gran temor.” (I Sam. 17:24)

Goliat, por su impresionante estatura y fortaleza atemorizaba y turbaba a Saúl y a sus tropas.  El rey había reunido a su ejército y lo colocó en orden de batalla en el valle de Ela, porque los escuadrones filisteos se habían congregado en tierra de Judá para atacar a Israel.  De entre el campamento filisteo salió entonces un paladín llamado Goliat, desafiando a los hombres de Saúl. “Y se paró y dio voces a los escuadrones de Israel, diciéndoles: ¿Para qué os habéis puesto en orden de batalla? ¿No soy yo el filisteo, y vosotros los   siervos   de  Saúl?   Escoged  de  entre vosotros un hombre que venga contra mí.  Si él pudiere pelear conmigo, y me venciere, nosotros seremos vuestros siervos; y si yo pudiere más que él, y lo venciere, vosotros seréis nuestros siervos y no serviréis.  Y añadió el filisteo: Hoy yo he desafiado al campamento de Israel; dadme un hombre que pelee conmigo.” (I Sa. 17:8-10).

1.2   2  ¿Quién osaría combatir con Goliat? Su sola apariencia infundía temor.  “Oyendo Saúl y todo Israel estas palabras del filisteo, se turbaron y tuvieron gran miedo.” (I Sam. 17:11).

Goliat media seis codos y un palmo de alto.  El codo era la medida hebrea que comprende la distancia entre el extremo del codo y la punta del dedo corazón, el equivalente a nuestro sistema métrico de45 cm. El palmo es la longitud que abarca la mano bien extendida, entre los extremos de los dedos pulgar y meñique, un aproximado de 22 a 24 cm.  Así que Goliat por poco alcanzaba los 3 metros de altura, a lo que había que unir que su cabeza estaba cubierta por un casco de bronce.  Para proteger la parte superior de su cuerpo utilizaba una cota de malla, es decir, una malla confeccionada de láminas de bronce, sobrepuestas como las escamas de un pez.  Protegía sus extremidades inferiores con grebas, o jabalina de bronce.  La armadura que cubría su pecho y su espalda pesaba cinco mil ciclos de bronce, lo que equivale a 125 libras, ó 57 kilos.  Sumado el peso del casco más la cota de malla, que la que llegaba más debajo de la cintura, Goliat soportaba más de 75 kilos sobre su cabeza y su tronco.  Además llevaba una lanza con una cabeza de hierro de 10 kilogramos.  Goliat manejaba con un brazo lo que los guerreros normales tenían como peso excesivo.  Su escudo era tan grande que lo llevaba un escudero delante de él, lo que infundía mayor respeto y temor.  Ante Goliat, todos temblaban.  Para Saúl y sus hombres era un suicidio enfrentarse a Goliat.  Por ello, nadie se atrevía a aceptar su desafío. “…Hoy yo he desafiado al campamento de Israel; dadme un hombre que pelee conmigo.” (I Sam 17:10)

A más de gigante, fornido, bien armado y supremamente protegido, Goliat era fanfarrón y maldiciente.

1.3  3  Recordemos que “…las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza.” (Rom. 15:4).  El Espíritu Santo inspiró a Samuel a plasmar en Las Escrituras este enfrentamiento para que sirva de lección para nosotros.  ¿Qué podemos aprender de David y Goliat? Ilimitadamente. Para los efectos de nuestro interés, siempre enfocado en la aplicación práctica, es mi oración que el resto de esta enseñanza nos haga más que vencedores sobre todos los Goliats de nuestras vidas.

1.4  4 “La unción impacta desde el momento mismo de recibirla, pero su obra continúa por toda la vida.” Así concluimos la lección anterior.  De los campos de ovejas, David salió al palacio a tocar para Saúl y apartar de esta forma el espíritu malo que atormentaba al rey.  Del mismo campo de Belén David fue enviado por su padre para llevarles alimento a los hijos de Isaí que estaban al frente de la batalla.  Aquí aparece nuevamente la unción.

LA FE QUE ACEPTA EL DESAFIO TIENE CELO POR EL HONOR DE DIOS

2.1 5 No hay coincidencias en los planes de Dios.  Los hijos de Dios vivimos en momentos señalados por Dios.  Cuando David llegó al campamento de Israel, Saúl y sus hombres salían en orden de batalla. Mientras David preguntaba por sus hermanos Goliat salió a desafiar a Israel con las palabras conocidas.  David vio que nadie, a pesar de la excelente recompensa por el rey prometida, se atrevía a enfrentar al gigante filisteo.  Fue entonces que David exclamó “¿quién es este filisteo incircunciso, para que provoque a los escuadrones del Dios viviente? (I Sa. 17:26)

2.2  6 David no decidió aceptar el desafío de Goliat movido por el afán de la jugosa recompensa “…al que le venciere, el rey le enriquecerá con grandes riquezas, y le dará su hija, y eximirá de tributos a la casa de su padre en Israel.” (I Sam. 17:25)

David sintió que le honor y la reputación de Jehová, Dios de Israel, estaba siendo ofendida.  David reconoció en el desafío de Goliat que el gigante retaba no sólo al ejército de Saúl, sino, al Dios de Israel.  La fe jamás se desvincula de Dios.  David vió en Goliat al enemigo que le impedía a Israel disfrutar de las promesas de Dios.  Los filisteos pisaban la tierra que Dios le habría prometido a su pueblo.  Permitirle a Goliat humillar a Israel era deshonrar a Dios mismo.  Así lo entendió David.  La fe desarrolla un profundo y fervoroso interés por la honra, la reputación y la exaltación del Nombre de Dios.  La fe nunca baja su cabeza ante ningún enemigo de Dios.  Coloca en las filas de los filisteos a tus enemigos y verás que son los enemigos de las promesas que Dios te ha dado.  (Líder citar ejemplos: pobreza, enfermedad, temor, maldiciones, etc.)

2.3  7  Primera pregunta de David: “¿…que harán al hombre que venciere a este filisteo, y quitare el oprobio de Israel? (I Sam. 17:26).  David entendió el reto de Goliat como un oprobio para Israel.  Oprobio es la traducción de cherpah, palabra hebrea que significa “desgracia” ó “vergüenza.  La fe no acepta que lo que pertenece a Dios sea manchado con oprobio alguno.  La fe desarraiga el oprobio.

2.4   8  Segunda pregunta de David: ¿quién es este filisteo incircunciso, para que provoque a los escuadrones del Dios viviente? (I Sam, 17:26).

Para David el gigantón no era más que un filisteo incircunciso.  La fe ve al enemigo como lo que realmente es.  La fe ve al enemigo como Dios lo ve.  David no era ni filisteo, ni incircunciso.  David era israelita, o sea, hijo de Abraham, Isaac e Israel y por tanto, miembro del pueblo de Dios.  David llevaba en su seno la simiente de Abraham, y era, en consecuencia, heredero de la promesa.  Además, David fue circuncidado al octavo día, lo que lo hacia hijo del pacto con Dios.

Goliat no era hijo de Abraham, ni hijo del pacto.  El poder de Goliat residía en su gran estatura y sus poderosas armas.  El poder de David venía de la unción del Espíritu Santo, de las promesas del Dios y de la fidelidad del Señor al pacto.  Por eso David decidió enfrentarse a Goliat.  El fundamento de David era la fe.  Goliat había provocado a los escuadrones del Dios viviente, siendo tan sólo un fanfarrón.

Amado(a): ¿Cómo identificas tus desafíos? ¿Cómo ves a tus retos? ¿Qué nombre le das a los que pretenden robarte tus promesas?

LA FE QUE ACEPTA EL DESAFIO SUPERA LAS DESCALIFICACIONES

3.1  9  Tan pronto David decidió enfrentar a Goliat, vió cómo en lugar de recibir aliento, escuchó las voces y contempló actitudes de recriminación, desánimo y desprecio.  David fue descalificado para vencer a Goliat.  Observemos lo que Satanás argumenta para descalificarnos en la batalla y captemos cómo la fe supera tales descalificaciones.

Por causa de falta de espacio y tiempo, las enunciaremos y le daremos tratamiento muy breve, para estudiarlas con mayor profundidad la próxima semana.


Recriminación

3.2   10  “Y oyéndole hablar Eliab su hermano mayor con aquellos hombres, se encendió en ira contra David y dijo: ¿Para qué has descendido acá? ¿y a quién has dejado aquellas pocas ovejas en el desierto? Yo conozco tu soberbia y la malicia de tu corazón, que para ver la batalla has venido.” (I Sam. 17:28).

Eliab, mezclando la buena intención con la envidia, recriminó a David, encendido en ira.

No esperes que la gente te aliente cuando decides enfrentar a tu enemigo espiritual.  Es animador cuando eso ocurre, pero no siempre sucede.  Por el contrario, no es extraño que aún nuestro hermano nos descalifique antes de iniciar la batalla.


Desaliento

3.3    11 “Dijo Saúl a David: No podrás tú ir contra aquel filisteo, para pelear con él; porque tú eres muchacho, y él un hombre de guerra desde su juventud.” (I Sam. 17:33).
El rey Saúl, hombre destacado por su físico privilegiado, le dice a David “no podrás tu ir contra aquel filisteo”.  El argumento de Saúl era lógico, pero carente de fe.  En “no podrás” y el “no puedes” estarán delante de ti siempre que aceptes un desafío.  Recuerda entonces, “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” (Fil. 4:13).

Intimidación

3.4   12  Goliat, al ver al joven muchacho avanzar contra él le tuvo en poco, y le gritó ¿Soy yo perro, para que vengas a mí con palos? Y maldijo a David por sus dioses.  Dijo luego el filisteo a David: Ven a mí, y daré tu carne a las aves del cielo y las bestias del campo.” (I Sam .17: 43-44)

Goliat despreció a David, lo subestimó, atacó su autoestima, lo amenazó y trató de atemorizarlo.  La pelea no es fácil.  Es allí donde la fe explota.  “Jehová te entregará hoy en mi mano y yo te venceré” fue la exclamación de la fe en boca de David, para acallar la intimidación del filisteo.  Y así como David proclamó, así ocurrió.

Amados(as): Nuestra vida está llena de retos y desafíos.  Los que pueden enfrentarse con armas y recursos humanos no requieren de mucha fe.  Pero de seguro que a través del tiempo aparecerán los Goliats que intentarán tomar lo que Dios te ha prometido.  La fe que Dios ha puesto en ti por su palabra aceptará todos los retos, vindicará el honor de Dios, eliminará las descalificaciones y proclamará victoria. Amén

 
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