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Nota Pastoral

El Señor del Reposo

Marcos 2:25-26.

2:25 Pero él les dijo: ¿Nunca leísteis lo que hizo David cuando tuvo necesidad, y sintió hambre, él y los que con él estaban; 
2:26 cómo entró en la casa de Dios, siendo Abiatar sumo sacerdote, y comió los panes de la proposición, de los cuales no es lícito comer sino a los sacerdotes,
y aun dio a los que con él estaban?

EL SEÑOR DEL REPOSO

.1    1  Jesús es nuestro reposo.  Espero que esta declaración se haya constituido en una revelación que tu alma haya asimilado. 

 

Jesús se proclamó Señor del día de reposo cuando, defendió a sus discípulos de la acusación de los fariseos, quienes reprochaban a los primeros por recoger espigas y comerlas en un día de reposo.

 

En su argumentación Jesús citó el Libro de Samuel que narra la experiencia de David y los sacerdotes de  Nob.  (Iº Sam. 21)

 

1.2    2 Tomamos las palabras de Jesús: “David entró en la casa de Dios”. Lo que ocurrió en un día de reposo, para escudriñar las Escrituras y encontrar las bendiciones de la casa de Dios para los que andan en el reposo del Señor.

Leamos Marcos 2:25-26.

REFUGIO

La casa de Dios es lugar de REFUGIO.

 

2.1   3 David se encontraba en gran necesidad.  “¿Nunca leísteis lo que hizo David cuando tuvo necesidad?”  Jesús reconoció que David tuvo necesidad.  Jesús sabe que estás en necesidad.  Esta  enseñanza  es para todo aquél que tenga necesidad.  Si tienes alguna necesidad esta palabra es para ti.  Jesús añadió a la necesidad de David la necesidad de “los que con él estaban”.  ¿Acaso los que están contigo (tu familia) también tienen necesidad?  Recibe con corazón abierto lo que Dios te dice.

 

2.2    4 Para entender lo que hizo David cuando tuvo necesidad y entró en la casa de Dios hay que viajar al Antiguo Testamento y leer los capítulos 21  y 22 del primer Libro de Samuel.  Después que David derrotó a Goliat Dios le dio gracia al joven delante del pueblo, hecho que incitó la envidia de parte del rey Saúl.  Luego de una serie de amenazas e intentos de asesinato de parte de Saúl, David entendió que no le quedaba otro recurso que huir del rey, a pesar de que Jonathan, hijo de Saúl, le había asegurado su amistad.

 

En su escape David corrió hacia el pueblo de Nob donde vivían los sacerdotes, y donde se encontraba el tabernáculo instrumento principal del culto y la adoración israelita.  Durante tres días David anduvo huyendo errante sin descanso y sin alimentos.  Para este tiempo David tenía veinte años.  Aquí se inició el exilio de David.

 

David dejó atrás a su familia en Belén, a su esposa Mical y a su amigo Jonathan en Gilgal.  David bajó sólo, únicamente con la ropa que tenía encima.  Ni siquiera pudo tomar sus armas.  Al agotamiento físico  de correr sin comer ni dormir, se unía el acoso emocional de la preocupación, el temor y la incertidumbre.

Mi imaginación me transporta a Nob y me parece ver a David delante del Sacerdote Ahimelec, quien le pregunta “¿Cómo vienes tú solo, y nadie contigo?  ¿Qué tienes hijo?  ¿Por qué no me avisaste que venías?  ¿Qué está sucediendo?.   David se quita el turbante, se seca el sudor del rostro, se despoja de las sandalias y las coloca a un lado, se acomoda en el primer mueble que encuentra, estira las piernas, toma aire y exclama:  “¡Estoy en lugar seguro!  Aquí mi vida no está en peligro.  ¡Estoy en la casa de Dios!

 

Por fin David dejó de huir.  Ahora se sentía en lugar de paz, reposo, seguridad y tranquilidad.

 

Amado(a):   Esto es lo que te brinda la casa de Dios.  Cuando llegas a la casa de Dios entras al lugar que es tu refugio.  En la casa de Dios se disipan los temores y angustias que nos acosan en el mundo.  Cuando viajas a la casa de Dios deja tus problemas en el área exterior del Santuario.

 

2.3    5  Estoy seguro que muchos de los que reciben esta lección pueden recordar aquel día cuando salieron del consultorio médico con el alma destruida por causa del diagnóstico de una enfermedad perversa, o cuando la desesperación quería poseerlos porque tenían que tomar una decisión y no sabían que hacer o no tenían valor para hacer lo correcto, y habiendo llegado a la casa de Dios, con algo tan sencillo como levantar las manos para adorar a Dios y recibir el rhema de Su Palabra, la oscuridad se disipó, dando paso a la luz  de la fe y la esperanza.  En nuestras memorias reposan muchas escenas de momentos cuando la presencia de Dios cayó sobre nosotros y la gloria del Señor nos rodeó, haciéndonos sentir la bendición de la seguridad y el apoyo divino.

 

El día que David entró en la casa de Dios fue un día de reposo.  Dios llevó a David a su casa en un día de reposo para hacerle entender que el reposo no está en un día equis, sino, en una persona.  La casa de Dios nos dice que Jesús es nuestro reposo, Jesús nos lleva a su casa para brindarnos refugio.  Recuerda: La casa de Dios es tu lugar de refugio. “A Benjamín dijo:  El amado de Jehová habitará confiado cerca de él; lo cubrirá siempre, y entre sus hombros morará.”  “El eterno Dios es tu refugio.  Y acá abajo los brazos eternos; El echó de delante de ti al enemigo, y dijo: Destruye.”  (Dt. 33:12, 27) “Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre.”   (Sal. 16:11)  “Yo me alegré con los que me decían:  a la casa de Jehová iremos.” (Sal. 122:1)

PROVISIÓN

La casa de Dios es lugar de ALIMENTO.

 

3.1   6 Jesús se refirió a David diciendo:               “. . .comió de los panes de la proposición, de los cuales no es lícito comer sino a los sacerdotes, y aun dio a los que con él estaban.”  (Mr. 2:26)

 

Jesús utilizó el ejemplo de David para indicar que las necesidades humanas tienen prioridad sobre el ritual.  Nosotros enfocamos lo que David encontró en la casa de Dios.  Leamos a Samuel: “Ahora, pues, ¿qué tienes a mano?  Dame cinco panes, o lo que tengas.  El sacerdote respondió a David y dijo:  No tengo pan común a la mano, solamente tengo pan sagrado; pero lo daré si los criados se han guardado a lo menos de mujeres.  Y David respondió al sacerdote, y le dijo: En verdad las muljeres han estado lejos de nosotros ayer y anteayer; cuando yo salí, ya los vasos de los jóvenes eran santos, aunque el viaje es profano; ¿cuánto más no serán santos hoy sus vasos?  Así el sacerdote le dio el pan sagrado, porque allí no había otro pan sino los panes de la proposición, los cuales habían sido quitados de la presencia de Jehová, para poner panes calientes el día que aquéllos fueron quitados.” (Iº Sam. 21:3-6)

 

David comió “Pan Sagrado.”   El Pan Sagrado era en realidad doce porciones hechas de harina de trigo pura, en representación de las doce tribus de Israel, que se presentaban a Jehová Dios cada día de reposo (cada sábado).  Los sacerdotes colocaban el pan sobre la “la mesa de los panes de la proposición”.  Un mueble que se encontraba en el lugar santo del Tabernáculo.  Cuando el pan era reemplazado los sacerdotes consumían el pan que era sustituido por el pan fresco.

Líder:  Lee Lev. 24:5-9.

 

Dios castigaba con la muerte a quien sin ser sacerdote, osara comer pan sagrado.  Sin embargo, David comió pan sagrado y no murió.  David llegó el día en que los sacerdotes quitaron el pan de la mesa para colocar pan caliente.  Aquél era un día de reposo.  Abimelec le brindó a David del pan que sólo los sacerdotes podían comer.  Esa fue una gran excepción.

 

David encontró pan en la casa de Dios.  Además de refugio David recibió alimento en la casa de Dios.  David compartió su pan con “los que con él estaban”.

 

¡La casa de Dios es casa de pan! 

 

3.2    7 “El respondió y dijo:  Escrito está:  No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.”  (Mt. 4:4) La casa de Dios es la casa de la Palabra que alimenta tu alma.  Tu alma no se alimenta de la filosofía, ni de la psicología, ni del razonamiento humano, ni de la nueva era, ni de la motivación mental.   Tu alma necesita pan del cielo.

David “sintió hambre”,  dijo Jesús.  David comió porque tuvo hambre.  En la casa de Dios encuentran pan los que tienen hambre.  Cuando vayas a la casa de Dios preséntate con hambre de comer pan del cielo.  Dios te alimentará con su palabra.

El pan de Dios viene en forma de promesas, mandatos, y revelaciones de la Palabra.  ¡Vamos a la casa del pan!

 EQUIPAMIENTO

La casa de Dios equipa para la batalla.

“Y David dijo a Ahimelec:  ¿No tienes aquí a mano lanza o espada?  Porque no tomé en mi mano mi espada ni mis armas.  Y el sacerdote respondió:  La espada de Goliat el filisteo, al que tú venciste en el valle de Ela, está aquí envuelta en un velo detrás del efod; si quieres tomarla, tómala; porque aquí no hay otra sino esa.  Y dijo David.  Ninguna como ella; dámela.  (Iº Sam. 21:8-9)

4.1   8 David sabía que él no podía permanecer indefinidamente en Nob.  Había recuperado su estabilidad emocional, se había alimentado y había recobrado sus fuerzas físicas, así que ahora estaba listo para  continuar, pero necesitaba algo vital.  David no tenía armas, pero sí tenía muchos enemigos.  Su vida estaba en continuo peligro.  Así que David le pidió al sacerdote Ahimelec una lanza o una espada.  David necesitaba armas.

4.2    9 Aunque no se sabe con exactitud cómo llegó la espada de Goliat a Nob, es evidente que tras la derrota de Goliat a manos de David, su espada fue dedicada al Señor.  David dijo “ninguna como esa”.    La espada de Goliat le hacia recordar a David que él era un vencedor.  David derribó a Goliat con la piedra de su honda pero le cortó la cabeza al gigante con su propia espada.

La espada de Goliat le decía a David que él era un vencedor, por tanto las circunstancias del momento no podían derrotarlo.  La espada de Goliat también le decía a David que Dios es fiel, y que por tanto, nunca lo dejaría ni lo desampararía.  La espada de Goliat le decía a David que la fe derriba gigantes.  La espada de Goliat le decía a David que Dios es un Dios de pacto que lucha por su pueblo.  David salió de la casa de Dios equipado para las nuevas batallas.

Amado(a):  En la casa de Dios encontrarás las armas que necesitas para tu guerra espiritual.  Estamos en lucha por el sólo hecho de haber rendido nuestras vidas a Jesús.

“Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar;  (1ª Pe. 5:8) “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes”  (Ef. 6:12-13) “Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas”  (2ª Cor. 10:4) “Y pelearán contra ti, pero no te vencerán; porque yo estoy contigo, dice Jehová, para librarte”.  (Jer. 1:19)

Cuando vayas a la casa de Dios pide al Señor las armas que necesitas para garantizar tu victoria.

QUEBRANTO

La casa de Dios es un lugar de QUEBRANTO.

5.1  10  El día que David se refugió en Nob estaba allí un edomita siervo de Saúl, llamado Doeg, quien lo delató delante del rey.  Volvamos a consultar a Samuel: 

“Entonces Doeg edomita, que era el principal de los siervos de Saúl, respondió y dijo:  Yo vi al hijo de Isaí que vino a Nob, a Ahimelec hijo de Ahitob,” “Y Saúl le dijo:  Oye ahora, hijo de Ahitob.  Y él dijo:  Heme aquí, señor mío.  Y le dijo Saúl:  ¿Por qué habéis conspirado contra mí, tú y el hijo de Isaí, cuando le diste pan y espada, y consultaste por él a Dios, para que se levantase contra mí y me acechase, como lo hace hoy día”.  “Y el rey dijo:  Sin duda morirás, Ahimelec, tú y toda la casa de tu padre.  Entonces dijo el rey a la gente de su guardia que estaba alrededor de él: Volveos y matad a los sacerdotes de Jehová; porque también la mano de ellos está con David, pues sabiendo ellos que huía, no me lo descubrieron.  Pero los siervos del rey no quisieron extender sus manos para matar a los sacerdotes de Jehová.  Entonces dijo el rey a Doeg:  Vuelve tú, y arremete contra los sacerdotes.  Y se volvió Doeg el edomita y acometió a los sacerdotes, y mató en aquel día a ochenta y cinco varones que vestían efod de lino.  Y a Nob, ciudad de los sacerdotes, hirió a filo de espada; así a hombres como a mujeres, niños hasta los de pecho, bueyes, asnos y ovejas, todo lo hirió a filo de espada...  Y Abiatar dio aviso a David de cómo Saúl había dado muerte a los sacerdotes de Jehová.” (Iº Sam. 22:9, 11, 12, 13, 16, 17, 18, 19, 21)

La narración es clara y no necesita explicación adicional.  La enseñanza está en el hecho de que para que David viviera alguien murió.  La casa de Dios es un lugar de quebranto.

San Pablo dijo:  “Os aseguro, hermanos, por la gloria que de vosotros tengo en nuestro Señor Jesucristo, que cada día muero”.   (Ia. Co. 15:31)

La casa de Dios es una casa de muerte.  De la muerte renace la vida.

5.2   11 Oro al Señor para que mis palabras sean entendidas en la dimensión del propósito por el cual Dios las envía.  No en todo lugar llamado casa de Dios hay vida, ni en todo templo hay alimento, ni en toda “iglesia” hay refugio.  Para que la casa de Dios proporcione refugio, alimento y armas a los que a ella acuden es necesario que alguien muera.  Generalmente ese “alguien”  es el sacerdote.  Como en Nob, donde no solo murieron los sacerdotes, sino también sus esposas y sus hijos, en la casa de Dios, no sólo el pastor es llamado a morir, sino también todos aquellos que aman al Señor y a su pueblo.

La casa de Dios nos llama a morir al pecado, a la carne y al mundo.  (Líder:  explica esto).

La casa de Dios nos llama a morir a los deseos de los ojos, a los deseos de la carne y a la vanagloria de la vida.

En toda casa de Dios que brinde refugio, alimento y armas, Dios tiene fieles que mueren a sus gustos y deseos para presentarse en sacrificio vivo, santo y agradable a Dios.  Dios tiene a los que oran: Hágase tu voluntad y no la mía.  Dios tiene a los que ayunan para que los que comen tengan victoria.

Tu recibes esta lección porque alguien murió a una acción personal para traerte la vida de esta palabra.

5.3   12 Jesús nos enseña a morir utilizando el ejemplo del grano de trigo.  “De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto”.  (Juan 12:24)  Ese grano de trigo puede ser un gusto, un deseo, una aspiración, o un anhelo.  La tierra es el altar.  La muerte son las noches sin sueño, las lágrimas, el rechazo, la incomprensión, el desconocimiento de los derechos, la ofensa y la cruz, por causa de Jesús.

Amado(a): Jesús es el Sumo Sacerdote que murió para que nosotros tengamos vida.  Los que oran y ayunan por nosotros son los habitantes de Nob que mueren para que tú y yo tengamos refugio, alimentos y armas.  Otros mueren, nosotros vivimos.

Oro al Señor del reposo para que produzca en nosotros el deseo ardiente de congregarnos en su casa, para encontrar refugio frente a los problemas, alimento para nuestra alma, y armas para las batallas de la vida.

Dios tiene respuesta para tus necesidades en Su casa.

“Yo me alegré  con los que me decían:  A la casa de Jehová iremos”.

 

 

 

 
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