Visitantes:
Nota Pastoral

Hijos del Altísimo III. Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo; porque él es benigno para con los ingratos y malos. (Lucas 6:35)

 

 

ABRAHAM, DANIEL Y NABUCODONOSOR

 

1.1     1   La revelación de El ELYON, el Dios Altísimo, fue muy selectiva.  Una distancia de más de mil años separa a Daniel de Abraham. Durante tan basto periodo, únicamente Moisés conoció a Dios como “El Altísimo”, lo que evidencia la manera muy singular como este nombre de Dios es revelado.

 

1.2    2  Es llamativo que sea un rey pagano, quien deja sus palabras registradas en el libro de Daniel, el que nos hable de “El Dios Altísimo”. 

 

Nabucodonosor había sido profundamente impactado cuando vio que junto a los tres hebreos que el había condenado a morir en el horno ardiente, se paseaba un cuarto hombre, cuya apariencia era la de un hijo de los dioses. “Y él dijo: He aquí yo veo cuatro varones sueltos, que se pasean en medio del fuego sin sufrir ningún daño; y el aspecto del cuarto es semejante a hijo de los dioses”.  (Daniel 3:25)

 

Utilizando este nombre divino “El Dios Altísimo”, Nabucodonosor llamó a los tres hebreos  para  que  salieran de en medio del horno de fuego ardiente.  “Entonces Nabucodonosor se acercó a la puerta del horno de fuego ardiendo, y dijo: Sadrac, Mesac y Abed-nego, siervos del Dios Altísimo, salid y venid. Entonces Sadrac, Mesac y Abed-nego salieron de en medio del fuego”.  (Daniel 3:26)

 

1.3    3  Aunque lo experimentado por Nabucodonosor en Daniel capítulo 3 marco su vida, su posición de Monarca del imperio mas poderoso de su tiempo le absorbió en sus múltiples ocupaciones y responsabilidades.  Transcurrido cierto tiempo, Nabucodonosor vuelve a testificar de el Dios Altísimo. “Conviene que yo declare las señales y milagros que el Dios Altísimo ha hecho conmigo”.  (Daniel 4:2)

 

1.4    4  El Dios Altísimo interviene en los asuntos humanos para hacer cumplir sus propósitos, aun de la manera menos imaginable, Nabucodonosor pasa de un sueño a la incertidumbre, para, desde allí recibir la interpretación del mismo por boca de Daniel.  Es inconcebible que este rey poderoso cayera en la locura, desde la cual Dios lo restaura al trono, que es cuando vuelve a hablarnos de el “Dios Altísimo”.

 

EL LENGUAJE DEL DIOS ALTÍSIMO

 

2.1    5  El sueño de Nabucodonosor.

 

Como vimos la semana pasada Daniel, siendo judío, llegó a ocupar una posición de importancia en la corte de Nabucodonosor porque interpretó el sueño que había turbado al rey y que además, había olvidado  (Daniel capítulo 4).

 

Un sueño comunicador de un mensaje espiritual  no era, pues, una cosa desconocida para Nabucodonosor.  En aquella ocasión Nabucodonosor requirió no solo la interpretación del sueño, sino la narración del mismo, ya que, según él, era asunto olvidado.

 

La reacción de los llamados a narrar el sueño del rey y de interpretarlo, no nos sorprende.  “Los caldeos respondieron delante del rey, y dijeron: No hay hombre sobre la tierra que pueda declarar el asunto del rey; además de esto, ningún rey, príncipe ni señor preguntó cosa semejante a ningún mago ni astrólogo ni caldeo. Porque el asunto que el rey demanda es difícil, y no hay quien lo pueda declarar al rey, salvo los dioses cuya morada no es con la carne”.  (Daniel 2:10-11)

 

La sentencia de muerte dictada por Nabucodonosor sobre todos los sabios, adivinos, magos intérpretes y astrólogos por su incapacidad de describir e interpretar el sueño del rey, también incluía a Daniel y a sus tres amigos.  Este tema fue la base de nuestra última lección.  Allí aprendimos cómo el Dios Altísimo le reveló tanto el sueño, como la interpretación, a Daniel.

 

2.2   6  La historia se repite. Nabucodonosor tuvo otro sueño “me espantó” y las “imaginaciones y visiones de mi cabeza me turbaron”, fueron, en las palabras del monarca, el resultado de su sueño.  Evidentemente, por alguna razón, Dios escogió esta vía para hablarle al gobernante más poderoso de la tierra.

Mueve a pensar el hecho de que teniendo en el palacio a un santo profeta de Dios, como Daniel, fuera necesario que Dios le hablara a Nabucodonosor por sueños.  Estoy convencido que Dios habla por sueños solo en dos circunstancias.  Por un lado, cuando experimentamos situaciones extremas, y, por el otro, cuando no escuchamos cuando nos habla por la Palabra, sea esta escrita o predicada.

 

2.3   7  El lenguaje de el Dios Altísimo únicamente lo interpreta un ungido de Dios.  (Subraye esta sentencia en su mente).

 

“Yo Nabucodonosor estaba tranquilo en mi casa, y floreciente en mi palacio. Vi un sueño que me espantó, y tendido en cama, las imaginaciones y visiones de mi cabeza me turbaron. Por esto mandé que vinieran delante de mí todos los sabios de Babilonia, para que me mostrasen la interpretación del sueño. Y vinieron magos, astrólogos, caldeos y adivinos, y les dije el sueño, pero no me pudieron mostrar su interpretación, hasta que entró delante de mí Daniel, cuyo nombre es Beltsasar, como el nombre de mi dios, y en quien mora el espíritu de los dioses santos. Conté delante de él el sueño, diciendo: Beltsasar, jefe de los magos, ya que he entendido que hay en ti espíritu de los dioses santos, y que ningún misterio se te esconde, declárame las visiones de mi sueño que he visto, y su interpretación”.  (Daniel 4:4-9)

 

“Pero no pudieron mostrar su interpretación”.  Esta frase resume el fracaso de procurar guianza o consejo de parte de la sabiduría humana en los asuntos espirituales.  No desechamos el conocimiento natural, sino, más bien, lo sometemos a la autoridad infalible de la Palabra de Dios.

 

“Hasta que entró delante de mi Daniel, en quien mora el espíritu de los dioses santos”.  Se comprobó una vez más, la abismal diferencia entre la capacidad humana y el revestimiento divino sobre un siervo de “El Dios Altísimo”.  Así lo reconoció Nabucodonosor.  “Yo el rey Nabucodonosor he visto este sueño. Tú, pues, Beltsasar, dirás la interpretación de él, porque todos los sabios de mi reino no han podido mostrarme su interpretación; mas tú puedes, porque mora en ti el espíritu de los dioses santos”.  (Daniel 4:18) 

 

2.4   8  El lenguaje de “El Dios Altísimo” conlleva aparejada vivencia practica.  Somos hijos de “El Dios Altísimo”, por tanto nuestra relación con Dios es de experiencia y trasciende a la teoría.  Nabucodonosor concluye la narración del sueño esperando la interpretación de Daniel, con esta certera conclusión. “La sentencia es por decreto de los vigilantes, y por dicho de los santos la resolución, para que conozcan los vivientes que el Altísimo gobierna el reino de los hombres, y que a quien él quiere lo da, y constituye sobre él al más bajo de los hombres”.  (Daniel 4:17)

 

El  “Altísimo” gobierna en el reino de los hombres.  Lejos estaba Nabucodonosor de comprender cuán verdaderas eran sus palabras y cómo experimentaría en carne viva la demostración de la interpretación de su propio sueño.  El tiempo se encargó de comprobar que el Altísimo gobierna sobre los reyes y que las palabras de sus profetas se cumplen.

 

Amado(a): Te exhorto a permanecer atento a lo que “El Altísimo” quiera decirte.  Escucha su voz, atiende a su palabra, oye a sus siervos.  Si “El Altísimo” le habla a alguno de sus hijos por medio de sueños, es porque lo que tiene que decirte es sumamente  importante, o porque no le escuchas de otra manera.

 

EL DIOS ALTÍSIMO CUMPLE SU PALABRA

EN SU TIEMPO

 

3.1 _ 9   El espacio no nos permite reproducir la interpretación que Daniel le dio al sueño de Nabucodonosor.  En todo caso, te remito a Daniel 4:9-27.  Del sueño de Nabucodonosor y de la reacción y ministración de Daniel rescato lo siguiente:

3.1   9.1  La interpretación del lenguaje divino marca al interprete. “Entonces Daniel, cuyo nombre era Beltsasar, quedó atónito casi una hora, y sus pensamientos lo turbaban. El rey habló y dijo: Beltsasar, no te turben ni el sueño ni su interpretación. Beltsasar respondió y dijo: Señor mío, el sueño sea para tus enemigos, y su interpretación para los que mal te quieren”.  (Daniel 4:19)  Aunque Daniel era solo el “canal” de “El Altísimo”,  para mostrar el significado del sueño, y no el sujeto ni el objeto del mismo, el profeta estuvo tan atónito y turbado por casi una hora, que Nabucodonosor se asombró.

 

Esto contrasta con la facilidad con la que muchos dicen hoy recibir sueños, visiones y revelaciones divinas.

 

3.1    9.2  La interpretación del lenguaje del “Altísimo” mueve al interprete a añadir una palabra mas allá de la interpretación. “Por tanto, oh rey, acepta mi consejo: tus pecados redime con justicia, y tus iniquidades haciendo misericordias para con los oprimidos, pues tal vez será eso una prolongación de tu tranquilidad”.  (Daniel 4:27)

 

Daniel, luego de interpretar el sueño, le dio un sabio consejo a Nabucodonosor de parte de Dios.  Este mismo principio lo vemos en José frente a Faraón y en Natán frente a David.

 

3.2  10 El Altísimo reviste a sus hijos de la autoridad y la gracia para enfrentar cualquier situación. Delante de Nabucodonosor y de los miembros más encumbrados del gobierno, Daniel se levanta y luego de explicar el sueño, se expresa con autoridad y plena convicción:  “Tú mismo eres, oh rey, que creciste y te hiciste fuerte, pues creció tu grandeza y ha llegado hasta el cielo, y tu dominio hasta los confines de la tierra”.  (Daniel 4:22)

 

La interpretación no era para nada agradable para Nabucodonosor, Daniel corría el riesgo de morir por atreverse a decirle al rey. “Te echarán de entre los hombres, y con las bestias del campo será tu morada, y con hierba del campo te apacentarán como a los bueyes, y con el rocío del cielo serás bañado; y siete tiempos pasarán sobre ti, hasta que conozcas que el Altísimo tiene dominio en el reino de los hombres, y que lo da a quien él quiere”. (Daniel 4:25)

 

Los hijos del “Altísimo” no encubrimos la verdad, ni maquillamos el mensaje de Dios por riesgosas que sean las consecuencias.

 

¡Que el “Altísimo” vuelva a darnos la fe que su autoridad y su protección están sobre nosotros, si somos fieles a su Palabra! Amén

 

3.3    11  Pasaron los días y todo seguía igual.  Parece que Nabucodonosor se le olvidó del asunto. Me atrevo a pensar que de entre los que escucharon a Daniel habría quienes le juzgaron, dudaron de su ministerio y le criticaron.  Sin embargo, lo que ellos no sabían era que “El Altísimo” tiene su tiempo para cumplir Su palabra y hacer realidad Su propósito. “Al cabo de doce meses, paseando en el palacio real de Babilonia, habló el rey y dijo: ¿No es ésta la gran Babilonia que yo edifiqué para casa real con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi majestad?  (Daniel 4:29-30) Pasaron doce meses para que se cumpliera la palabra dada por Daniel. 

 

Amado(a): Te ha prometido algo “El Altísimo”. Aunque tardare, espéralo. “Aunque la visión tardará aún por un tiempo, mas se apresura hacia el fin, y no mentirá; aunque tardare, espéralo, porque sin duda vendrá, no tardará”. (Habacub 2:3)

 

3.4    12  Son muchas las lecciones que se desprenden de Daniel 4.  Nuestro enfoque pretende limitarse al Dios Altísimo, siguiendo el concepto de Jesús quien nos llama hijos del Altísimo.

 

Nabucodonosor descendió a un estado de degradación incomprensible.  Empero, tal como lo anunció Daniel, el Altísimo le devolvió la salud y lo  restauró al trono.  Veamos el testimonio de Nabucodonosor. “Habló el rey y dijo: ¿No es ésta la gran Babilonia que yo edifiqué para casa real con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi majestad? Aún estaba la palabra en la boca del rey, cuando vino una voz del cielo: A ti se te dice, rey Nabucodonosor: El reino ha sido quitado de ti; y de entre los hombres te arrojarán, y con las bestias del campo será tu habitación, y como a los bueyes te apacentarán; y siete tiempos pasarán sobre ti, hasta que reconozcas que el Altísimo tiene el dominio en el reino de los hombres, y lo da a quien él quiere. En la misma hora se cumplió la palabra sobre Nabucodonosor, y fue echado de entre los hombres; y comía hierba como los bueyes, y su cuerpo se mojaba con el rocío del cielo, hasta que su pelo creció como plumas de águila, y sus uñas como las de las aves. Mas al fin del tiempo yo Nabucodonosor alcé mis ojos al cielo, y mi razón me fue devuelta; y bendije al Altísimo, y alabé y glorifiqué al que vive para siempre, cuyo dominio es sempiterno, y su reino por todas las edades. Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada; y él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué haces? En el mismo tiempo mi razón me fue devuelta, y la majestad de mi reino, mi dignidad y mi grandeza volvieron a mí, y mis gobernadores y mis consejeros me buscaron; y fui restablecido en mi reino, y mayor grandeza me fue añadida. Ahora yo Nabucodonosor alabo, engrandezco y glorifico al Rey del cielo, porque todas sus obras son verdaderas, y sus caminos justos; y él puede humillar a los que andan con soberbia”.  (Daniel 4:30-37)

 

Después de 7 tiempos de esquizofrenia y ostracismo, Nabucodonosor alzó sus ojos al cielo y fue visto y atendido por el Altísimo.  ¿Si el Dios Altísimo vio y escuchó a un pagano, no lo hará contigo, que eres su hijo?

 

Hoy es el tiempo determinado por el Altísimo para ti. “Mas al fin del tiempo yo Nabucodonosor alcé mis ojos al cielo, y mi razón me fue devuelta; y bendije al Altísimo, y alabé y glorifiqué al que vive para siempre, cuyo dominio es sempiterno, y su reino por todas las edades”. (Daniel 4:34) Amén

 

 

 
Vía España y Martín Sossa, La Cresta Calle 1era. Panamá Rep. de Panamá
Apartado Postal: 0843-02866 Pmá
Recepción: Tel: (507) 200-7000
Telefax: (507) 200-7002
Copyright © 2009 Comunidad Apostólica Hosanna
 
HORARIO DE SERVICIOS Y REUNIONES

Miércoles: Servicio de Oración - 6:00pm
Viernes: 1er. Servicio de Poder- 4:30pm
2do. Servicio de Poder- 7:00pm
Sábado: Servicio Juvenil- 5:00pm
Domingo: 1er. Servicio - Mañana de Gloria- 7:00am
2do. Servicio - Mañana de Gloria- 9:00am
Escuela de Redes - 10:30am
3er. Servicio - Mañana de Gloria- 11:00am
Servicio Vespertino- 2:30pm
English Worship Service- 6:00pm

 
 
Aumentar Texto Disminuir Texto Reiniciar Tamaño