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Nota Pastoral

HIJOS DE DIOS - parte 3

A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron, más a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos HIJOS DE DIOS; los cuales no son engendrados de sangre ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios. (Juan 1:11-13)

IDENTIFICACIÓN

1.1   1  Hemos iniciado una serie de estudios sobre los títulos que los Evangelios le dan a los seguidores de Jesús.

Nuestro punto de partida para este fascinante estudio fue la declaración de Juan 1:12 “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”.

A partir de nuestra experiencia de recibir a Jesús en nuestro corazón, consecuentemente, recibimos también el derecho de ser llamados “hijos de Dios”.

1.2    2  Al ser hijos de Dios nos identificamos con el Hijo de Dios.  Los Evangelios llaman a Jesús Hijo de Dios e Hijo del Hombre.

Jesús es Hijo de Dios por su carácter divino. Jesús es también, el Hijo del Hombre, por ser descendiente de Adán.

1.3   3  El amante de la Palabra Eterna encuentra en la homonimidad de Jesús y sus seguidores una invitación a escudriñar las Escrituras para extraer de ellas manantiales de vida, salvación y gracia.  En este respecto nos circunscribimos a fotografiar los momentos claves en la vida de Jesús en donde se le llama Hijo de Dios: El Bautismo, la tentación y la crucifixión.

1.4   4 Un detalle que debe provocar nuestra meditación es la diversidad de las fuentes que llaman a Jesús Hijo de Dios. Así, vemos que en el Bautismo, fue el Padre; en la tentación, fue satanás; y, en la crucifixión, fue el centurión romano; quienes llamaron a Jesús Hijo de Dios.

EL BAUTISMO DE JESÚS
El Padre llama a Jesús Hijo de Dios

2.1    5  “Aconteció que cuando todo el pueblo se bautizaba, también Jesús fue bautizado; y orando, el cielo se abrió,  y descendió el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como paloma, y vino una voz del cielo que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia. (Lucas 3:21-22)  Jesús creció en Nazareth, pequeña ciudad de Galilea, en el hogar de José y María, junto a sus hermanos menores.  Se supone que Jesús tuvo que hacerse cargo de la carpintería de José, después de la muerte de éste.

Llegado el “tiempo de Dios”, Jesús ascendió al Río Jordán para ser bautizado por Juan.  Hasta entonces Jesús había llevado una vida como la de cualquier galileo.  El bautismo de Jesús marcó el inicio de su ministerio público. Fue allí donde Jesús escuchó a Dios decir: “Tú eres mi Hijo amado”. (Lucas 3:22)

El mismo Dios que nos dio “potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12), es el mismo Dios que le dijo a Jesús “Tu eres mi Hijo amado”.

Jesús es el modelo del Hijo de Dios.  Los hijos de Dios aspiramos a ser como el Hijo de Dios.  En la búsqueda de seguir a nuestro modelo de Hijo de Dios, basados en el Bautismo de Jesús, anotemos lo siguiente:

Obediencia
 Los hijos de Dios se someten a la voluntad de Dios. 
 
2.2   6  Juan el Bautista se oponía a bautizar a Jesús, considerando, que siendo Jesús el Mesías, era Jesús quien debería bautizarlo a él.  El argumento de Jesús para eliminar la negativa de Juan fue sencillo: “Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó”.  (Mateo 3:15)

Jesús vino al mundo por y para obedecer al Padre.  El Bautismo en agua es para los pecadores arrepentidos.  Jesús no cometió pecado, por tanto, no necesitaba arrepentimiento.  Sin embargo, Jesús se sometió al bautismo en agua, para identificarse plenamente con el hombre y para obedecer a todos los preceptos del enviado de Dios.

¡Que Dios nos dé un espíritu de sometimiento y obediencia y un deseo de hacer siempre la voluntad de Dios!

Oración
Los hijos de Dios ORAN.
 

2.3    7  Lucas deja bien claro este detalle “y orando, el cielo se abrió”. (Lucas 3:21) Jesús participó de su bautismo en profunda oración.  Jesús se sometió a la voluntad de Dios bajo la influencia de la oración.

Marcos, en su evangelio, nos dice que Jesús “vio abrirse los cielos” (Marcos 1:10) aquí la palabra original utilizada por el evangelista para “abrirse” es SQUIZZO, que quiere decir romper con violencia.  Este es, precisamente lo que hace la oración; rompe los cielos y penetra hasta el trono de Dios.

Un hijo de Dios es, ante todo, un practicante ferviente de la oración.

Unción
Los hijos de Dios buscan la unción.

2.4    8  El propósito del bautismo de Jesús fue recibir la llenura del Espíritu Santo, misma que lo capacitó para un ministerio fructífero.  Jesús no actuó como Dios cuando se hizo hombre.  Jesús fue concebido por obra del Espíritu Santo en el vientre de María porque era la única forma de que Dios se hiciera hombre. Empero, Jesús vivió como hombre, tuvo hambre como hombre, se cansó como hombre y fue tentado como hombre.  Para un ministerio sobrenatural, acompañado con señales y milagros, Jesús necesitaba el poder del Espíritu Santo.

Fue durante el bautismo que Jesús recibió la capacitación del Espíritu Santo para su ministerio público.  “Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él”.  (Mateo 3:16)

La unción de Jesús fue acompañada con “los cielos abiertos” y la seguridad que le dio “la voz del cielo”  “Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia”. (Lucas 3:22)

Los hijos de Dios que seguimos el modelo del Hijo de Dios, buscamos ardientemente la unción del Espíritu Santo.

 
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