HIJOS DE DIOS - parte 2
A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron, más a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos HIJOS DE DIOS; los cuales no son engendrados de sangre ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios. (Juan 1:11-13)
VOLVIENDO AL PRINCIPIO
1.1 1 La semana pasada iniciamos una serie de estudios sobre los títulos que los Evangelios le dan a los seguidores de Jesús.
1.2 2 Nuestro punto de partida para este fascinante estudio fue la declaración de Juan 1:12 Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.
A partir de nuestra experiencia de recibir a Jesús en nuestro corazón, consecuentemente, recibimos también el derecho de ser llamados hijos de Dios.
1.3 3 Al respecto de la potestad de ser hechos hijos de Dios, es conveniente que recordemos que:
- Los hijos de Dios somos perdonados. El primer derecho del hijo de Dios es el perdón de sus pecados, con esta experiencia se recibe la salvación.
- Los hijos de Dios recibimos sanidad. La salud divina y la sanidad sobrenatural de toda enfermedad están incluidas en la obra redentora de Jesús, y son por tanto, derechos de los hijos de Dios.
- Los hijos de Dios viven en paz. La paz es una promesa de Jesús, y también es parte integral de los beneficios de su muerte en la cruz. Los hijos de Dios experimentamos paz y somos portadores de paz.
- Los hijos de Dios tenemos pan. Jesús dijo: el pan es para los hijos; de allí que los hijos de Dios tenemos derechos a recibir la satisfacción de todas nuestras necesidades espirituales y materiales.
1.4 4 Las bendiciones de los hijos de Dios registradas en las enseñanzas Jesús continúan. Nos ocuparemos hoy de otras, tan importantes, como las ya anotadas.
LOS HIJOS DE DIOS TENEMOS CASA
2.1 5 Examinemos otra declaración de Jesús: Todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado. Y el esclavo no queda en la casa para siempre; El hijo sí queda para siempre. (Juan 8:34-35)
El Señor usa la figura de un patentado Padre de familia de la época. En aquellos días un hombre rico tenía una casa grande, que en ocasiones incluía una vivienda principal y otras más pequeñas, o una morada con muchas habitaciones, en la que los esclavos vivían en aposentos especialmente dedicados a ellos. Los esclavos tenían derecho a dormir, a manutención, y a provisión material de ropa, por parte del dueño de la casa, quien era también dueño de los esclavos. Muchas veces, incluso, si el hijo tenía que recibir alguna instrucción, salía de la casa con el esclavo y luego volvían a entrar juntos. Sin embargo, había una diferencia entre ambos. El esclavo no se quedaría en la casa para siempre. El hijo sí. El esclavo no era dueño de nada. El hijo era hijo del dueño de la casa.
2.2 6 El esclavo vivía en una casa, pero no era propietario de tal casa. En cualquier momento el padre podía vender, regalar, o echar al esclavo, en cuyos casos, el esclavo salía de la casa. Por el contrario, el hijo era el heredero de la casa.
2.3 7 Si tú eres hijo de Dios, entonces, tú tienes casa. Tú no eres un huérfano en este mundo. En la casa de mi Padre muchas moradas hay... voy, pues, a preparar morada para vosotros. (Juan 14:2) Yo me alegré con los que me decían a la casa de Jehová iremos. (Salmo 122:1) Eres hijos de Dios, y tu Padre tiene casa.
2.4 8 Jacob tuvo una experiencia especial con Dios, y llamó al lugar casa de Dios y puerta del cielo, mismo que fue conocido como Betel. (Génesis 28:10-19). Allí Jacob recibió promesa e hizo pacto con Dios.
- Rut, la moabita, viajó desde los campos de Moab, con su suegra Noemí, porque oyeron que en Belén Dios había visitado a su pueblo. Belén es casa de pan. Allí Rut fue incluida en el pueblo de Israel y en la genealogía de Jesucristo.
- En la ciudad de Jerusalén había un estanque llamado Betesda. El Evangelio de Juan narra la sanidad del paralítico, cuando Jesús pasó por aquel lugar y al ver al enfermo le preguntó ¿Quieres ser sano? (Juan 5:6). Betesda significa casa de misericordia.
La casa de Dios es casa de promesa, casa de pan y casa de misericordia. Tú eres hijo y estás en tú casa.
2.5 9 Pablo le escribió a Timoteo: En una casa grande, no solamente hay utensilios de oro y de plata, sino también de madera y de barro; y unos son para usos honrosos, y otros para usos viles. (IIa Timoteo 2.21)
Así, pues, hay utensilios que se usan para adornar la casa, y utensilio útiles a los dueños de la casa, aunque también hay utensilios de deshonra.
2.6 10 El hijo pródigo, quien abandonó la casa del Padre, comiendo algarrobas, lejos de su casa, volvió en sí, y exclamó: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre, tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré, e iré a mi padre. (Lc. 15:17) Este hijo rebelde sabía que su padre tenía una casa. Esta realidad le dio ánimo al hijo pródigo para regresar.
Si tú quieres venir a la casa, es bueno que sepas que el Padre te está esperando.
El padre salió a recibir al hijo pródigo, corrió hacia él, se echó sobre su cuello, lo abrazó, lloró, mandó a hacer fiesta, mató el becerro gordo, le quitó la ropa sucia, le vistió de ropas nuevas, le colocó calzados nuevos, y anillo en su mano y celebró un gran banquete. La casa se convirtió en lugar de fiesta.
Hoy sigue habiendo fiesta en la casa, por cada hijo que regresa. Nunca olvides que la casa de tu Padre es tu casa, y allí siempre encontrarás paternidad, misericordia, perdón, amor, familia, provisión y futuro.